Igualdad, principio democrático

 

Artículo 2.1 Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, SEXO, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición.

A punto de terminar el mes de marzo con un día destacado como es el Día de la Mujer, es posible que estemos algo empachados de entrevistas, reportajes y referencias en los medios y en las redes sociales. Me vais a disculpar que yo quiera detenerme un poco desde la perspectiva de los Derechos Humanos; he leído mucho sobre el tema, pero no bajo este paraguas.

No vale escandalizarse sino pensarlo con calma: La IGUALDAD es un derecho recogido en la Carta Universal de los DDHH, es un principio democrático. No hay trampa ni mentira. Y me pregunto por qué está provocando “sarpullidos” en una parte importante de la población, especialmente joven.  Acusan de que la discriminación se ha invertido, o de que el feminismo se utiliza como herramienta de manipulación y adoctrinamiento, o dicen también que la desigualdad ya se ha superado. Hemos llegado a un punto en el que algunos analistas recomiendan incluso no usar la palabra feminismo.

¿Qué nos está ocurriendo? ¿A qué viene tanta indignación, tanto desencuentro? ¿Se están produciendo algunos excesos? Pudiera ser. Pero sin tratar de justificarlos me pregunto si en otros grandes temas no se producen… El camino no es otro más que intentar evitarlos, corregir aquello que sea necesario. Pero nos está envolviendo en redes, como el adictivo TIK TOK y otros medios, la mentira, la hostilidad, la desconfianza e incluso el odio. Muy preocupante.

No disimulemos lo que es evidente: Hemos dado grandes cambios, hemos mejorado mucho, pero no hemos terminado de llegar a la igualdad, queda camino por recorrer en España y en otros muchos países. Camino por recorrer en la Iglesia Católica, en otras muchas Iglesias cristianas, en otras religiones. Queda mucho trabajo, mucho, pero menos que hace 25, 50, 100 años o más. Valorar los avances no es un simple consuelo, tampoco es una razón para el descanso y menos para el stop.

El fondo de este tema, el más grave y doloroso sigue ahí: Conductas abusivas en muchos espacios y estamentos sociales, incluidos por supuesto eclesiales, delitos de violaciones y agresiones sexuales, asesinatos que no logramos ni siquiera rebajar. Y no entremos en brechas salariales, porcentajes de temporalidad y precariedad, reparto de tareas en los cuidados de los hijos y las casas, matrimonios forzados en varios países, ablación del clítoris en algunos otros africanos, etc. etc. No quiero añadir datos oficiales y contrastados, serían muchos y con toda probabilidad os cansaría; creo que es mejor que busquéis aquello que más os interese u os preocupe. Hay mucha información fiable que proporciona una idea de que las razones para seguir empeñadas en avanzar son reales, algunas de estas razones son muy graves, urgentes, otras las podemos clasificar como “mejoras” de lo ya conseguido y habrá aspectos menos urgentes e importantes. ¡Qué duda cabe! 

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Verapaz, aunque su carácter sea civil, participa estrechamente en la Orden Dominicana y por supuesto en la Iglesia Católica. Sería a mi juicio muy bueno revisar, tomar el pulso de cuánto se ha hecho y queda por hacer, en toda comunidad o grupo cristiano con quienes nos relacionamos, dominicos y dominicas más concretamente. Qué bueno sería que la Orden avanzara en la reflexión, el diálogo y la igualdad entre varones y mujeres. Incluso que fuera avanzadilla dentro de la Iglesia, de las Congregaciones y las Órdenes. También podemos soñar ¿no es cierto?

Existen movimientos de mujeres, religiosas y no religiosas, haciendo mucho esfuerzo en esta línea. Llevan tiempo, son tenaces, trabajadoras y aumentan cada día. Van con cuidado, para algunos demasiado despacio y para otros, no tanto. Así son las cosas. Alguna como Cristina Inogés, primera española que ha participado con derecho a voto en un sínodo (El País 15/03/2026) expresa de este modo alguna razón para la prudencia:

Las mujeres somos más del 80% de la Iglesia activa. Las que catequizan, están a cargo de los colegios, hospitales y parroquias y las misiones. Pero hemos sido excluidas de la formación, la gestión, el liderazgo y la toma de decisiones. La teología y la liturgia se han escrito con ojos de hombre. Francisco no ocultaba que la curia era machista, pretendía avanzar, pero estaba obligado a ir con tiento. Era el último señor feudal, pero quería escuchar antes de tomar una decisión. Prefería una voladura controlada a provocar un cisma, como ha pasado en la Iglesia anglicana con el nombramiento de la primera mujer obispa de Canterbury, Sarah Mullally”.

El Movimiento “Revuelta de Mujeres en la Iglesia” se expresa respetuosamente, pero de un modo más enérgico. Su objetivo lo aclara: “Hasta que la igualdad sea costumbre”. Hablan de desclericalizar y desmasculinizar. Quieren igualdad y poner fin a la discriminación.

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Y vuelvo al mismo artículo de la Declaración de los DDHH con el que comenzaba este breve comentario: “Toda persona tiene todos los derechos y libertades proclamados en esta Declaración…”

Quien quiera ver, verá. Quien quiera dialogar, dialogará. Quien quiera avanzar en la igualdad, avanzará. Y en el camino seguro que podemos encontrarnos. Esto no va de odios y venganzas. Es un error. Va de hacer la ruta de la igualdad, la ruta de los DDHH, la ruta de la paz.

Adriana Sarriés

Madrid, marzo de 2026