De madrugada y sin previo aviso

 

Hay cosas que no se pueden entender por más explicación que se busque, que no la hay. Se nos llena la boca con los derechos humanos y con todos los derechos del mundo que tenemos, pero vemos cómo todos los días, en cualquier parte del mundo, son vulnerados. Y no pasa nada. Es la triste realidad y mucha gente se acostumbra. Y si nos pilla lejos más todavía. Es asunto de los de allí. Aunque ese asunto de los de allí puede trasladarse a otros lugares en situación similar. Lo de la aldea global y la globalización se utiliza según convenga.

En el mes de septiembre de 2025, el día 5, en El Seybo, República Dominicana, de madrugada, por sorpresa, sin previo aviso, por orden de no se sabe quién, y sin piedad, cientos de policías desalojaron a más de sesenta familias de sus humildes viviendas. Las excavadoras entraban sin preguntar, daba igual si había gente en casa o no. Se despertaron con el ruido y con la orden a gritos de los agentes de que saliesen de casa. Las familias, con niños y ancianos, salieron corriendo con lo puesto. No le pasó nada a nadie de milagro. Todo quedó reducido a escombros. Se veían muebles, electrodomésticos, utensilios de trabajo, ropa, zapatos, libros, cuadernos, juguetes... Se quedaron si nada y tuvieron que buscar un techo en el que cobijarse.

Nadie les dio ninguna respuesta, nadie, ninguna autoridad les dijo por qué. Vivían en ese terreno por indicación del Ayuntamiento de El Seybo, un terreno seguro en el que les permitieron construir sus casas, humildes casas, la mayoría de hojas de zinc. Y el alcalde había acudido a los frailes dominicos y a las Dominicas del Rosario para que esas familias se asentaran ahí. Les facilitaron los materiales.  Año y medio después, de repente, a las cinco de la mañana, les arrasaban sus casas. Las excavadoras eran del Ayuntamiento de El Seybo y del consistorio de  otra localidad cercana, Hato Mayor. Alguien daría la orden para que estuvieran en Los Solares, Villa Guerrero, que así se llama el barrio. De madrugada, por ley, entre las seis de la tarde y las seis de la mañana, está prohibido hacer lo que hicieron los cientos de policías, que no actúan por ciencia infusa. Y aquí actuaron con violencia.

El único apoyo que tuvieron, y que siguen teniendo, es el del misionero dominico asturiano Miguel Ángel Gullón, con las hermanas Dominicas del Rosario. Desde el primer momento estuvieron a su lado. Intentando ayudar, buscando soluciones, diálogo con las autoridades. El resultado...oídos sordos. Gullón dirige Radio Seybo, la radio de los Dominicos en República Dominicana. Una radio que escucha, y quiso escuchar a estas familias. Les ofreció el micrófono, se  denunció el desalojo, se invitó a las autoridades a dar alguna explicación. Sólo el alcalde, Leo Francis Zorrilla, se prestó a ir a la radio, pero no respondió a nada, absolutamente a nada.

Días después se hizo una marcha en El Seybo para denunciar el desalojo y apoyar a las familias. Bajo un sol de justicia, típico de la mañana dominicana, cientos de personas caminaron por todo El Seybo. Escoltadas y vigiladas por la policía. Parada ante la Gobernación y el Ayuntamiento. Nadie salió, nadie les recibió, nadie les escuchó, pero les oyeron. El dispositivo policial, el despliegue policial, era algo fuera de lo común para una marcha de estas características. Los agentes iban armados, y bien armados. Eran familias pacíficas que sólo querían ser escuchadas por las autoridades. Pude verlo con mis propios ojos, pude vivirlo porque estaba allí de voluntariado con los misioneros dominicos. Pude estar con las familias y pude ver su lucha y su esperanza, algo que no pierden. Y tuve la oportunidad de contarlo en COPE, cadena de emisoras en la que trabajo.

El empeño de Gullón y de las familias no cejó. Visitas al abogado del Estado, a la Fiscalía, cartas a la Fiscalía de Derechos Humanos, a la Comisión Permanente de Derechos Humanos de la Cámara de Diputados. Los diputados tardaron, pero respondieron. Desde septiembre hasta marzo. Estuvieron en El Seybo el 26 de marzo. Querían hablar con las familias. Los diputados escucharon a todos, conocieron la situación de cada uno, visitaron Los Solares y los escombros que dejó el desalojo del 5 de septiembre. Tomaron nota. Los afectados les entregaron una lista con los nombres y sus circunstancias. Parece que hay buena intención, pero lo que necesitan son soluciones. El presidente de esta Comisión Permanente, Pedro Martínez, elevó un escrito a la Procuradora General y otro a la Dirección de la Policía para abrir una investigación. Y en Ginebra se presentó una denuncia ante la Oficina de los Dominicos ante la ONU, lo hicieron Dominicos por la Justicia y la Paz.

No se puede entender que la gente sea desalojada de esta manera, y en República Dominicana los desalojos son más frecuentes de lo que nos imaginamos. Cada país tiene sus leyes, pero esas leyes tienen que ser justas. En enero de este año hubo otro desalojo en El Seybo y el misionero Gullón, el padre Miguel Ángel como allí lo llaman, fue detenido durante unas horas. Sin ninguna orden, simplemente por el empeño del fiscal que dio la orden de viva voz a los policías. No querían detener al religioso, pero no les quedó otro remedio y lo llevaron al Destacamento, a Comisaría. Intervino el obispo Castro Marte y quedó en libertad. No había ningún motivo para detener a un hombre de Dios que lucha por los más desfavorecidos. También lo contamos en COPE.

Al escribir este texto vuelvo a vivir aquellos días de septiembre. Veo a César y a Marilyn con sus tres hijos cenando bajo el árbol que estaba al lado de la que fue su casa. Sentían ese árbol como su hogar. Veo a Levano, un hombre de casi 80 años que prefería vivir bajo la única protección del cielo antes que marcharse de Los Solares. Osiris y Daniela se sentían como un pájaro sin nido. De esa manera se sentían también Ambioris, Karina, María, Virtudes, Dolores, Carmen, Dorca...así hasta sesenta familias. No nos imaginamos cómo se podían sentir, no tenemos ni idea. Lo que si sé es lo que me enseñaron, lo que aprendí de ellos. Como también aprendí de Ruth y de Ricardo, vecinos de las familias desalojadas. Ellos no se quedaron sin casa pero lucharon y luchan junto a todas ellas.

Sigo escuchando al padre Miguel Ángel pidiendo a Dios que perdone a quien “maquiavélicamente” haya tramado la actuación nocturna de aquel 5 de septiembre. Y denunciando de día otra cobardía de la noche, como hizo en 2016 con los desalojos de Matencio, o en 2018 con los de los campesinos de El Seybo. La historia se repite, y con mucha frecuencia.

Tenemos que hacernos eco de estas injusticias desde cualquier parte del mundo. Hoy tenemos muchos medios, muchos instrumentos para hacerlo, y de manera inmediata.

                                                                                       Patricia Rosety

Vicepresidenta de Acción Verapaz  - Periodista Cadena COPE

Junio 2026