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Noticias

03 Febrero 2026

El año que acaba de comenzar, en peligro

 

 El mundo en que vivimos

Lo observamos día a día los ciudadanos, sólo con leer los periódicos o escuchar la radio: Donald Trump está tensionando el mundo y llevando a su propio país a un estado autoritario que coarta los derechos básicos. Hace unos días, Amnistía Internacional ha llamado la atención sobre el asunto: El aumento de las “prácticas autoritarias” desde que en enero de 2025 Donald Trump asumió la Presidencia de Estados Unidos está erosionando los Derechos Humanos, tanto a nivel interno como en el resto del mundo, habiéndose llegado ya a una “emergencia de Derechos Humanos”.

En su reciente informe titulado “Suena la alarma: aumento de las prácticas autoritarias y erosión de Derechos Humanos en Estados Unidos”, Amnistía documenta varios ámbitos en los que la Administración Trump está socavando los pilares de una sociedad libre:

  • Ataques a la libertad de prensa, de expresión y de reunión pacífica.
  • Coerción a la sociedad civil y las universidades.
  • Hostigamiento y represalias a los opositores políticos.
  • Cuestionamientos al sistema judicial, al debido proceso y a la independencia de jueces y abogados.
  • Ataques a los derechos de personas refugiadas y migrantes, y expulsiones ilegales del país.
  • Retrocesos en protecciones contra la discriminación; estigmatización de comunidades.
  • Criminalización de la disidencia.
  • Uso de las fuerzas armadas de manera innecesaria e inapropiada para hacer frente a las protestas.
  • Retroceso en la lucha contra la corrupción.
  • Impunidad e ilegalidad con la que ha actuado el ejército estadounidense en el extranjero, violando el derecho internacional.

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Donald Trump, agrega el informe, ha impulsado medidas orientadas a “desmantelar normas y concentrar el poder” para imposibilitar que se le exijan responsabilidades, a través de órdenes ejecutivas autoritarias, que menoscaban el poder del Congreso en favor del presidente y están acabando con el espacio cívico y el Estado de derecho.

  • Menciona el informe la normalización de la detención de estudiantes por protestar en campus universitarios, del terror en comunidades enteras inundadas por agentes enmascarados y la militarización de ciudades.
  • La política inhumana del gobierno estadounidense hacia los inmigrantes no es nueva. Pero Trump la ha empeorado. Él define a los inmigrantes como “escoria de la peor calaña”, asesinos, violadores y locos.  Los métodos de vigilancia y detención del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) y la Patrulla Fronteriza son ya directamente dictatoriales e incluyen desapariciones forzosas a manos de agentes enmascarados, que se desplazan en vehículos sin identificar, asesinato a sangre fría también a ciudadanos estadounidenses, detención de niños de cinco años y allanamientos de viviendas sin consentimiento ni orden judicial.
  • Trump ha instalado una permanente campaña de satanización de toda oposición, incluso la que tiene en su propio partido, calificándola de “extremista”, “peligrosa”, “terrorista” “y “antiamericana”. La gravedad de esas acusaciones está en que la legislación del país permite la suspensión automática de derechos y protecciones constitucionales a quienes están asociados –directa o indirectamente– con organizaciones identificadas como terroristas. Trump se atribuye el poder para designar, sin necesidad de pruebas, quién es narcotraficante o terrorista, y de esa manera legitimar sus decisiones, nacionales o internacionales.
  • La supresión de libertades mediante la coartada del terrorismo va acompañada de la permanente campaña contra los medios, sometidos a todo tipo de presión e intimidación (juicios millonarios por difamación, chantajes, condicionamientos para el acceso de la prensa a recursos e información gubernamentales…).
  • Los ataques a las universidades han sido múltiples y variados, desde la suspensión de becas y préstamos para estudiantes, hasta los cortes de los sistemas de financiación regulados por ley y la expulsión de estudiantes que critican el genocidio israelí. La financiación de proyectos de investigación se ha convertido en instrumento de chantaje para destruir la autonomía universitaria y socavar la libertad de cátedra.
  • Trump ha intentado crear una nueva historia “patriótica” y para ello censura relatos críticos e históricamente rigurosos o que tengan protagonistas no blancos o no masculinos, e interviene en la enseñanza, los museos, las agencias estatales, los parques nacionales y el calendario de días festivos.
  • El Congreso, con ambas cámaras controladas por Trump, le ha dejado que violente sus funciones constitucionales, y la Corte Suprema se ha cuidado mucho de contrariarle.
  • Huelga hablar de las violaciones de Trump al derecho internacional. Su política internacional combina la amenaza, la coerción y el chantaje comercial, económico, político y militar, sin molestarse en justificarlo. Ha anunciado y reiniciado las guerras imperialistas y las anexiones territoriales ilegales. Pretende abolir los principios democráticos, las reglas universales, la moralidad, la negociación, la diplomacia y el multilateralismo, y sustituirlos por un nuevo orden mundial en el que la única norma es el dominio del más fuerte. El mundo debe regirse solo por su orden y mando.
  • Su eslogan “America First” es una expresión palmaria de su concepción del mundo y de la integralidad de su política exterior, un amasijo de agresiones, militarización, aranceles, amenazas, uso de la fuerza, prepotencia, ambición y abuso de poder. Si a ello agregamos el culto a la personalidad, el uso excesivo de la fuerza y el nacionalismo exacerbado y trasnochado, tendremos el arquetipo perfecto del tirano.

Ya no es exagerado afirmar que Trump es la versión estadounidense de los dictadores brutales y corruptos que las oligarquías criollas y los propios gobiernos estadounidenses impusieron a los países latinoamericanos desde hace un siglo, que aterrorizaron a sus poblaciones y se rodearon de aduladores, matones y delincuentes.

  • ¿Cómo no reconocer en él al dominicano Rafael Leónidas Trujillo, que gobernó 31 años y a quien sus partidarios nominaron para el Premio Nobel de la Paz?
  • ¿Cómo no recordar a Anastasio Somoza, de Nicaragua, o François Duvalier, de Haití, que creó una policía secreta (los Tonton Macoute) que detuvo, torturó, o asesinó a entre 30.000 y 60.000 opositores, precedente del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE)?
  • ¿Cómo no recordar al general Maximiliano Hernández Martínez, dictador de El Salvador, que en la década de los 30 aprobó leyes para restringir la inmigración asiática, árabe y negra y que ordenó la masacre de unos 30.000 campesinos tras un levantamiento fallido en enero de 1932?
  • ¿Cómo no ver reflejada la retorcida psicología de Donald Trump en las novelas “El Señor Presidente”, de Miguel Ángel Asturias, “El Otoño del patriarca”, de Gabriel García Márquez, o “La Fiesta del Chivo”, de Mario Vargas Llosa?

En todas las dictaduras, ninguna estupidez es demasiado absurda y toda disidencia, por tibia que sea, es traición. Trump ha llegado a proponer pena de muerte para los dirigentes demócratas que pidieron a los militares desobedecer órdenes ilegales. Y ha perseguido a sus propios colaboradores que se han atrevido a esbozar tibias críticas: su exasesor John Bolton, la fiscal general de Nueva York Letitia James, el exdirector del FBI James Comey… Es el mensaje de todas dictaduras: Colabora o serás perseguido.

El presidente intenta sustituir a la ONU como actor central en la resolución de conflictos internacionales, pese a que su papel en ese terreno ha sido irrelevante y únicamente para favorecer sus intereses y los de las empresas estadounidenses.

El mismo Trump se reivindica como un líder al que le gustaría gozar de un poder absolutista mundial, para implantar un régimen dominado por hombres blancos y ricos, de ideología neofascista y machista, con el objetivo declarado de acabar con el sistema democrático, pluralista y multilateral, tanto a nivel interno como internacional.

Pero… la resistencia en las calles muestra que se puede enfrentar a ese absurdo absolutismo. Trabajadores, estudiantes y comunidades han enfrentado activamente su violencia. Los estadounidenses se han echado a las calles para repudiar la violenta política antimigratoria, la crueldad de las fuerzas de seguridad, los arbitrarios ataques a Venezuela o la violación al derecho internacional. No sabemos hasta dónde podrá llegar esa reacción ciudadana, ni la contrarreacción que pude despertar en el presidente, pero es un síntoma importante.

Amnistía Internacional puntualiza: “Cuando las prácticas autoritarias se consolidan plenamente, las instituciones destinadas a frenar los abusos de poder ya se encuentran gravemente comprometidas". Por eso exige medidas urgentes para proteger el espacio cívico, restablecer salvaguardas del Estado de derecho, fortalecer la rendición de cuentas y evitar que las violaciones a los Derechos Humanos se normalicen o queden impunes.

Waldo Fernández

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