'Preguntas - reflexión' que se hacen en el proyecto de 'Apoyo a niños/niñas invidentes, en Dosso y Gaya (Níger)'
Hay momentos en que uno se pregunta: ¿Y si todo esto nunca hubiera existido?
Si nos tomamos un momento de reflexión y nos preguntamos: ¿Y si el proyecto Kaari yan ma duumi hubiera permanecido solo como una ilusión, un murmullo amortiguado por el bullicio de la indiferencia global? ¿Qué habría sido de estos niños ciegos, que han descubierto una forma nueva de comprender la existencia, que vuelven a sonreír y se atreven a creer en el futuro?.
¿Y si no nos comprometemos?
Tenemos que volver al origen de esta cadena de solidaridad para comprender su fragilidad y, paradójicamente, su inmenso poder. ¿Y si el padre Rafael nunca hubiera venido a Níger, nunca se hubiera establecido en Gaya y nunca hubiera recibido esta misión específica de venir a Dosso? ¿Y si el tema de estos niños vulnerables, estos niños ciegos, no hubiera despertado ningún eco en su corazón? ¿Y si Eric hubiera rechazado la llamada? ¿Y si Franck, Joliane, yo y los demás miembros del equipo nos hubiéramos negado a comprometernos?
¿Qué serían hoy estos niños? Estas preguntas dan vueltas y vueltas en mi mente. No son fruto de la angustia, sino la fuente de una profunda revelación: la de la providencia. ¿Por qué Dios quiso que todo esto sucediera con tanta precisión? Todo parecía meticulosamente orquestado para que este proyecto pudiera ver la luz, para que se convirtiera en el refugio que es hoy, alimentado exclusivamente por el compromiso, la devoción y el sacrificio personal, sin esperar nada a cambio.
El Abismo de la Indiferencia
Para medir la grandeza de lo que se ha logrado, debemos atrevernos a mirar el abismo del que estos niños han salido. Sin esta conciencia colectiva, sin la negativa a la indiferencia, la realidad de estos niños ciegos habría permanecido congelada en una tragedia silenciosa.
Sin Kaari yan ma duumi, ¿cómo podrían estos niños haber seguido un currículo escolar clásico? Peor aún, piensa en la flagrante falta de infraestructura ideal. Estamos hablando de niños que, en otras circunstancias, se habrían visto obligados a caminar kilómetros en condiciones peligrosas sin ninguna formación en movilidad y orientación, ¿cuál habría sido su única salida? La calle y la mendicidad
Aún más oscura es la realidad del aislamiento social. En algunas comunidades, la discapacidad visual se percibe trágicamente como una abominación, una maldición que hace que las propias familias de los niños la oculten. Sin nuestra intervención, ¿cuántos de ellos habrían permanecido amurallados en este aislamiento forzado, privados de cualquier contacto humano enriquecedor, y a veces incluso atados físicamente para impedir que se movieran por miedo a hacerse daño o a "avergonzarse"? Es de esta oscuridad social, mucho más terrible que la visual de donde el proyecto intenta liberarlos cada día.
La mano del hombre como instrumento divino
¿Y si los donantes se hubieran negado a apoyar el proyecto? ¿Y si a nadie le importara? Ante esta hipótesis, solo se me impone una conclusión: todos estamos exactamente donde teníamos que estar. Cada uno cumple la misión que se le ha encomendado. Dios utiliza al hombre para salvarlo.
La creación no fue diseñada para gobernar sobre los más débiles, sino para establecer una interdependencia sagrada. El más fuerte existe, no para dominar, sino para proteger a los más débiles. Y el más débil existe para reconocer por pura humanidad, la verdadera fuerza de quien tiende la mano.
El orgullo, la arrogancia y la indiferencia no deberían tener cabida en este mundo creado por un Dios de amor. Dios nos ha dotado de la capacidad de amar, de comprometernos cuerpo y alma por los pequeños. "Amaos unos a otros", nos dijo Jesús. En otras palabras: apoyarnos, elevarnos mutuamente.
Los frutos del compromiso
Hoy, doy las gracias. Doy gracias por lo que hago, por este papel, por humilde que sea, que desempeño dentro de este proyecto que ha dado un rumbo completamente diferente a mi vida. Estoy agradecido por estas incontables horas de trabajo, por estas reuniones interminables, en las que estudiamos los mecanismos capaces de hacer la vida de estos niños más plena.
Doy gracias por estas personas maravillosas que conocí, que compartían las mismas ambiciones que yo y con quienes trabajo a diario. También pienso en los hombres y mujeres que aún no he conocido, estos benefactores en las sombras que apoyan el proyecto. Gracias a su inmensa generosidad, cientos de niños ciegos hoy en día ven sus rostros iluminados por una sonrisa sincera.
Un proyecto completo
Más allá de la educación, toda la estructura de la vida está siendo replanteada. La cantina escolar que hemos creado es un ejemplo perfecto de ello: su misión es ofrecer comidas saludables y equilibradas a cada niño.
Estos niños van al colegio. Se atreven a esperar en el futuro. Piensa en Hamida, Biba, Oumou y tantos otros que, hoy en día, tienen derecho a soñar en grande. Uno quiere ser enfermero para cuidar a los niños abandonados, otra sueña con ser actriz de cine para hacer vibrar las emociones y otro aspira a ser profesor. Todos creen en su deslumbrante potencial, a pesar de su discapacidad.
Esto es lo que hace que Kaari yan ma duumi. Se sienta orgullosa de restaurar la esperanza, reavivar la luz en los ojos de quienes una vez vivieron en reclusión. El proyecto está pensando en la integración de la formación profesional, con el fin de dotar a cada niño de conocimientos concretos, de enseñarles a usar sus manos para crear, emprender y construir su propia independencia financiera.
Dinamismo y fortaleza del grupo
Estoy orgulloso de nuestro camino. Creo profundamente en el futuro de Kaari yan ma duumi y en la fortaleza de nuestro grupo. Un grupo puede carecer de larga experiencia institucional al principio, pero que rebosa de devoción y compromiso inquebrantables. A pesar de los obstáculos financieros, logísticos y emocionales, seguimos adelante. Seguimos creyendo en ello.
Por supuesto, el trabajo en equipo no es un río largo y tranquilo. La divergencia de ideas, las fluctuaciones en el compromiso o la motivación a veces pueden parecer un obstáculo temporal para el dinamismo general del proyecto.
Pero la magia está siempre presente: cuando dos o tres personas lo dan todo, se convierten en un motor circular. Atraen a otros, reavivan la llama de los más cansados y motivan a todo el grupo. Porque la causa es noble. Porque la razón de nuestra lucha está justificada. Dios nos ha dado las herramientas intelectuales, espirituales y materiales para apoyar, acompañar y asistir. Nos corresponde a nosotros hacer que den fruto más allá de nuestras diferencias.
Olvídate de ti mismo para encontrarte a ti mismo
Esta aventura humana ha forjado en mí una filosofía inamovible. San Francisco de Asís dijo: "Hay más amor en dar que en recibir", y es olvidándose de uno mismo cuando uno realmente se encuentra a sí mismo.
He hecho un pequeño eslogan que ahora guía mis pasos: "Los demás primero y luego yo." Aprendí a quedarme en un segundo plano para que los demás, especialmente estos niños, pudieran brillar. La verdadera satisfacción no reside en la gloria personal, sino en la alegría de un niño revivido.
Y si algún día me encuentro fuera de este proyecto, una cosa es segura: siempre estaré orgulloso de haber participado en una obra de tanta nobleza. Este proyecto me formó mucho más de lo que le serví. Me forjó, limó mi alma y me dio una visión totalmente nueva del mundo y de la condición humana.
Conclusión: La riqueza del servicio
Al final, he adquirido una certeza absoluta: el hombre más rico no es quien acumula los bienes efímeros de este mundo, sino quien sabe cómo ponerse al servicio de los demás. Esta es la única riqueza que rezo a Dios que me conceda cada día: la riqueza para ayudar, la capacidad infinita de amar.
Que Dios continúe fortaleciéndonos en esta misión. Que Él nos haga cada vez más generosos, para que podamos dar lo que más preciamos para nosotros, nuestro tiempo, nuestra energía, nuestro corazón a quienes más lo necesitan.
En este tiempo de Cuaresma, un período propicio para el desasimiento espiritual y el regreso a lo esencial, que nuestra acción sea fructífera para todos. Porque en el fondo, amar es entregarse uno mismo. Y entregarse es sentirse intensamente amado a cambio y profundamente útil a la humanidad.
Dieudonné
Responsable del proyecto en Níger


