Os mostramos el testimonio de Oumoulkair, una jovencita ciega de Dosso (Niger), que forma parte del proyecto de Níger ‘Kaariyan ma duumi’, al que tanto apoyamos desde Acción Verapaz y merece la pena ponerlo en relieve para que podamos comprender el proceso por el que pasan a menudo los niños para ser reconocidos en su sociedad.

Os ofrezco la lección de humildad que me enseñó Oumoulkair Abdoulaye, una chica ciega con sus hermanos Mamoudou y Hassane: los tres nacieron ciegos. Solo sus hermanas tienen el uso de la vista.
En esta familia de Dosso es la madre la que carga con el peso de esta vida difícil. ¿Cómo consigue mantener el equilibrio con tres niños ciegos? Allí descubrí una gran escuela de vida. Oumou y sus hermanos tuvieron el privilegio de comenzar su educación en la escuela SOLY de Niamey, la única escuela entonces especializada para niños ciegos en Níger y que ya no existe.
Allí, los niños no solo aprendían a leer y escribir Braille,sino que también se preparaban para hacer la secundaria con los estudiantes videntes.
Sin embargo, tras obtener su certificado de ingreso en el instituto, el internado se cerró y Oumou tuvo que volver a vivir con su madre en Dosso. Fue en esta encrucijada decisiva de su vida donde nuestros caminos se cruzaron.
Gracias a la Unión Nacional de Ciegos de Níger (UNAN), asociados a nuestra Kaari Yan Ma Duumi (Morada de la Luz), Oumou se unió a nuestros niños y desde el principio la movilidad y resolución de Oumou me llamaron la atención.
La excelencia como única opción
Oumou tiene un fuerte sentido del deber y amor por el trabajo bien hecho. Estudiar no es una obligación para ella, es una conquista diaria. Los resultados hablan por sí solos: obtuvo su certificado de estudios primarios con la mención "Good". Hace poco, al final de las composiciones, vino con el rostro radiante de orgullo, para entregarme su boletín de notas: había quedado primera de su clase y me contó lo sorprendidos y envidiosos que estaban sus compañeros videntes. Yo le respondí:
- Demuéstrales de lo que eres capaz.
Yo, que soy vidente, que siempre he tenido todas mis facultades, nunca, a su edad, había mostrado tal determinación ni tanta sed de victoria.
El espejo de una vocación: olvidarse de uno mismo para elevar a los demás
Un día, hablando con nuestros niños les pregunté:
- "Decidme, ¿por qué vais al colegio? ¿Qué os motiva?»
Para algunos era una rutina, un deber filial; para otros, la esperanza de un trabajo, pero la respuesta de Oumou me dejó perplejo:
- Quiero ser profesora.
- ¿Profesora? ¿para ganar dinero? Su respuesta resonó tajante:
- No, no por dinero. Solo quiero ayudar a los niños ciegos a tener éxito.
Me quedé atónito. ¿Cómo podía una joven entender tan pronto que el verdadero éxito no reside en la acumulación de riqueza, sino en el don de uno mismo?
"Mis manos son mis ojos": la poesía de la resiliencia
La ambición de Oumou no se limita a la escuela. Durante una de nuestras primeras actividades reveló otra faceta de su talento componiendo un poema emotivo titulado "Mis dos manos son mis ojos" que compuso con Abdul Aziz.
En pocos versos y en su ferviente deseo de convertirse en profesora para transmitir sus conocimientos se resume toda la filosofía de Oumou. Quiere ser útil a los demás. Ese es el sueño puro de nuestro proyecto Kaari Yan Ma Duum.
Las espinas de la rosa
Detrás de esta brillante estudiante se esconde una joven a veces dura. Oumou tiene un temperamento fogoso, siempre a la defensiva y exigente. Es como si esta actitud fuera la cicatriz de una historia, de un sufrimiento silencioso o de una injusticia.
A pesar de esta armadura, Oumou se dedica al trabajo y a los demás. La historia de Oumoulkair no sería posible sin la roca en la que se apoya: su madre. Y pienso en esas mujeres valientes y decididas que crían a sus hijos discapacitados soportando el peso de la mirada y el juicio de la sociedad.
Dieudonné


