José Carlos en Perú

De la selva a los Andes

El pasado 10 de septiembre inicié mi experiencia de voluntariado en Perú. A las 8:30 del día siguiente ya estaba en Cuzco, dispuesto a coger el primer auto con destino a Quillabamba, puerta de la selva peruana del sureste.

Allí me esperaban Rufino, hermano de José Antonio, y Roberto para ir a Koribeni. A pesar de estar asfaltada la carretera, y no muy lejos, el viaje es bastante largo, hay que subir un puerto de ¡4.370 m.! En Quillabamba conocí a los dominicos de la casa.

Al día siguiente, con el coche cargado hasta los topes de comida para el Internado de Koribeni (hay que aprovechar los viajes) nos fuimos hacia allí. Siguiendo el río Urubamba llegamos a la Misión, poblado nativo, hoy en día muy cambiado, con carretera asfaltada, Centro de salud, colegio, etc. Allí está la casa de los dominicos donde me he quedado, junto al Internado para machigengos.

Sin tiempo de asimilar todo, el día 13 salí con Roberto a Yubeni, una comunidad andina de la Sierra de Vilcabamba, donde había una celebración muy famosa (el Sr. de Huanca) y pasamos dos días entre celebraciones, fiestas y bailes andinos (por la noche hubo una gran exhibición de bailes de la zona, con unos trajes increíbles).

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Volvimos a Koribeni y al día siguiente emprendimos el primer viaje a una comunidad nativa en plena selva, Matoriato. Primero pasamos por Kepashiato, un poblado nuevo machigengo, que tiene todos los servicios (salud, colegios, etc.) donde Roberto ha construido una casa para gestantes. Es un proyecto muy interesante, con el fin de que allí vayan mujeres gestantes o personas enfermas, de poblaciones nativas alejadas, antes de dar a luz o del tratamiento que vayan a recibir.

Pasamos también por Pangoa, donde hay otro Internado en el que nos acogieron con mucho cariño y nos quedamos a dormir. Pangoa está a orillas del Urubamba y desde allí cogimos una barca para llegar a Matoriato.

El viaje fue una auténtica aventura, subiendo por el río Yavero con una barquita que parecía que en cualquier momento se la llevaría la corriente. Durante el viaje paramos en un pequeño poblado donde había una celebración por la apertura del nuevo camino. Seguimos río arriba. En algunos momentos, había que bajarse de la barca y hacer un trecho andando por la selva. Finalmente, ya de noche, llegamos a Matoriato.

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Al día siguiente, con una luz increíble, pude apreciar la belleza y soledad del lugar. El poblado machigengo está en un claro de la selva, junto al río Matoriato y rodeado de montañas bajas, tiene un colegio, puesto de salud y algo de luz por paneles solares pero, aparte de esos pequeños pero importantes avances, la vida discurre como siempre. Allí estuve 2 días donde pude apreciar la realidad de las comunidades nativas. Después emprendimos el viaje de vuelta otra vez en la barquita y otra aventura para bajar los rápidos, pasamos nuevamente por el Internado de Pangoa y seguimos viaje en coche, Montecarmelo, Ivochote, Kiteni, Cirialo y Koribeni.

Ese fin de semana estuve preparando, con la directora del Internado, mi colaboración con ellos, ya que a la semana siguiente tenía intención de quedarme allí para conocerlo bien. Me pidió que les diera clase de química a un grupo y unas charlas de otros temas. Así esa semana y la siguiente estuve ayudándoles en el estudio, dando clases y charlas, también en el colegio de Koribeni.

Algunos días salí con Rufino a visitar alguna comunidad andina como S. Antonio o Salvación y alguna comunidad nativa con Roberto como Sangobatea, una comunidad muy pequeña y atrasada por estar muy aislada (estaban haciendo una pista) y otras comunidades del alto Koribeni, una zona muy bonita pero que se está deteriorando muy rápidamente por la tala de árboles y las prácticas agrícolas (queman la selva para tener terrenos cultivables).

Los días antes de irme de Koribeni estuve conviviendo con los chicos/as del internado que me hicieron una despedida muy cariñosa y entrañable; para no irse uno de allí.

Ya de vuelta a España, pasé un día por Quillabamba, donde había quedado con las Dominicas del Rosario, pasé con ellas una mañana muy intensa en la que me explicaron lo que hacían y algunos proyectos que había hecho o apoyado Acción Verapaz: el Centro de promoción de la mujer y la oficina de DD. HH. También el hermano Verner, prior de la comunidad, y el hermano Ricardo, que lleva Radio Quillabamba, me estuvieron contando la situación allí y sus preocupaciones.

Aunque corta ha sido una experiencia muy importante para mí, he colaborado y me he sentido útil en el Internado y Colegio, he conocido la vida de las comunidades nativas y andinas, otras realidades que te hacen reflexionar sobre nuestra forma de vida, sobre el desarrollo de los pueblos y sus valores. Te sientes acogido y querido por tanta gente como Roberto y Rufino, la hermana Giovanna, Justina y Carmen directoras de los Internados, Betsi, Maleni y otras chicas del internado que tanto me ayudaron.

No quiero terminar sin el recuerdo para Aurora Lapiedra, que siempre me hablaba de Perú y en cierta forma he ido por ella.

José Carlos Alcázar