Brindar a las familias de Docordó, Chocó, acceso a energía eléctrica mediante la instalación de paneles solares.
Debido a la localización en la que se encuentran las familias de Docordó, cuyo acceso es únicamente por vía marítima mediante lanchas, no es posible desarrollar una infraestructura que garantice una buena calidad de vida. La mayor parte del tiempo no cuentan con energía eléctrica, por lo que la estabilidad se convierte en una necesidad básica. Como consecuencia, los niños no pueden estudiar y tampoco realizar sus tareas, y además el riesgo para la salubridad es un problema que enfrentan día a día.
La población del municipio de Litoral del San Juan, en Docordó (Colombia), está conformada en gran parte por familias desplazadas víctimas del conflicto por la violencia que generan grupos armados. Muchas de estas familias no cuentan con los recursos necesarios para llevar una vida digna y carecen, principalmente, de energía eléctrica, lo que limita sus oportunidades y su calidad de vida. La ausencia de infraestructuras básicas y, con ello, la falta de oportunidades laborales estables las mantiene en una situación de alta vulnerabilidad.
Esta realidad afecta especialmente a los niños, niñas y jóvenes, quienes, al no disponer de electricidad en sus hogares, no pueden estudiar ni realizar sus tareas, lo que limita su desarrollo y aprendizaje. La falta de energía también representa riesgos para la seguridad y la salud, ya que no pueden refrigerar los alimentos y deben recurrir al uso de velas o mecheros improvisados.
Estas familias, víctimas del conflicto armado, se ven obligadas a vivir sin oportunidades de desarrollo y, por tanto, sin posibilidades de acceder a una mejor calidad de vida.
Lo que esperamos
Con el propósito de ofrecer una mejor calidad de vida a las familias, se busca fortalecer las condiciones educativas de los niños, niñas y jóvenes mediante la instalación de 40 kits solares básicos que proporcionen iluminación nocturna en los hogares. Esta solución permitirá disminuir los riesgos asociados al uso de velas o lámparas contaminantes, además de garantizar un entorno más seguro y saludable.
La implementación de estos sistemas solares no solo mejorará la iluminación, sino que también traerá beneficios adicionales para la comunidad: permitirá que los niños puedan estudiar en horarios nocturnos, favorecerá la conservación de alimentos, reducirá la exposición al humo de las lámparas, y promoverá un entorno más seguro dentro de los hogares. Asimismo, la capacitación de las familias beneficiadas en el uso, mantenimiento y sostenibilidad del sistema garantizará su funcionamiento a largo plazo y fomentará la autonomía comunitaria.
Cuando la luz llega a un hogar, no solo ilumina una habitación: despierta sueños, abre caminos y devuelve la esperanza a quienes habían aprendido a vivir en la oscuridad.



