Experiencia de María en Camerún

Voluntariado en Yaoundé, enero 2023

                      Por María de Luis

Volví de Camerún en febrero, tras pasar casi un mes en Yaoundé haciendo un voluntariado en el Hospital de Saint Martin de Porres, uno de los proyectos de las Hermanas de la Congregación de Santo Domingo.

Cuando terminé el curso de voluntariado de Acción Verapaz, tenía claro que la elección del destino era África. Yo me dedico al turismo, y entre los muchos viajes que he hecho, solo había estado en el África Negra una vez, en Kenya, haciendo un safari al que me invitó un touroperador. Pero aquella experiencia, si bien fue muy bonita, me hizo sentir que no había visto en absoluto la vida de aquel país, de sus gentes. La oportunidad que me podía brindar un voluntariado, sabía que sería completamente diferente. Además, conocí a la Hermana Cristina Antolín, y su historia sobre cómo se creó el hospital y como posteriormente consiguieron más fondos para ampliarlo, me llegó a lo más profundo.

Así que en enero de 2023, me fui para allá cargada de ilusión, y a la vez ciertos miedos lógicos, de no saber exactamente que me iba a encontrar allí. A día de hoy puedo decir que ha sido una experiencia que sin duda te cambia la vida, o más bien, la manera de verla.

En el tiempo que estuve allí pude ver todo el funcionamiento del hospital y la labor importantísima que representa en el barrio marginal de Mvog Betsy. En lo alto de una colina, en la que hasta hace unos 5 años no llegaba ni la carretera, este hospital trata a cientos de pacientes cada día. En Camerún la sanidad es de pago, pero allí pueden buscar también medios de financiación para los casos de gente que realmente no tienen el dinero cuando están enfermos.

El hospital, la casa de los voluntarios en la que yo me alojé y también las de las Hnas. de la Congregación de Santo Domingo, se encuentran en este barrio, que si bien es tremendamente pobre (yo he estado en la temporada seca, y había que comprar el agua, incluso en el propio hospital cuya ciénaga se estaba quedando ya vacía), es un lugar lleno de vida y colores, de gentes con su sonrisa siempre a pesar de las dificultades cotidianas. La mayoría de la población de Camerún no puede mirar más que por los gastos del día a día, incluso teniendo trabajo, los sueldos son muy escasos.

También tuve la oportunidad de visitar otro proyecto de las Hermanas en Obout, a unas 2 horas de Yaoundé, en el que habilitaron un edificio colonial abandonado, y montaron un colegio que lleva ya años funcionando, con alumnos internos la mayoría. También tienen un dispensario, que da asistencia sanitaria a todo el pueblo. Un proyecto precioso en mitad de la selva donde pude darle alguna clase de español a los niños, y oírles cantar en el coro maravilloso que tienen para cantar los domingos en la parroquia del pueblo.

En el hospital hice varias cosas, como el recuento de medicamentos de la farmacia u ordenar un archivo de la UPEC, la unidad en la que estuve principalmente con los pacientes con SIDA y tuberculosis; les ayudaba con la caja cuando venían a su revisión o a buscar los medicamentos, y eso me daba la oportunidad de charlar con unos y otros. Me encantó mi trabajo, en el departamento me trataron como una más desde el primer día, pudiendo asistir a sus reuniones para entender mejor lo que hacían.

Además, por la tardes, al salir del hospital, podía compartir las vivencias del día con dos voluntarias francesas, que eran matronas, y se alojaban en la casa de los voluntarios conmigo, y también con David, un empleado que tienen las Hermanas y que se encarga de que nunca falte nada a los que llegamos a la casa. Una persona maravillosa que, con las largas charlas por la noche, me hacía entender y aprender muchas más cosas de su país. Alguna tarde paseamos por el barrio para conocerlo mejor, adentrándonos por las calles de arena rojiza; al estar en temporada seca, hay polvo suspendido en el aire continuamente, pero cuando es época de lluvias, se convierten todas las calles en auténticos barrizales.

Aprovechamos los fines de semana para ver Yaoundé, asistir a algunas misas con los coros típicos de allí, o hacer alguna excursión como el Parc de la Mefou, en el que pudimos ver chimpancés.

Ha sido, como decía al principio, una experiencia no sólo inolvidable, sino que me ha hecho ver el mundo desde mucho más cerca. El voluntariado sirve para enseñarnos otras culturas, otros pueblos. Para aprender a respetar y vivir en directo los problemas como la falta de agua; no puedo aun dejar de pensar cada vez que abro un grifo en Europa, en todas esas personas que no tienen este lujo. Aprendes a valorar aún más todo lo que tenemos, la salud pública, la sanidad y AGRADECER: fundamental vivir con los pies en la tierra y pensar en esto cada día.

Y con todos estos aprendizajes, volver a España, e intentar apoyar con nuestro granito de arena a todas esas personas del mundo que nos necesitan.

De granitos de arena, salen grandes proyectos, como el Hospital de Yaoundé que salva vidas cada día, y da empleo a muchas personas. Aconsejo a cualquiera hacer un voluntariado, es la mejor manera de crecer como persona y conseguir mayor empatía con el resto del mundo. Es otra manera más de luchar por un mundo mejor.